martes, 15 de mayo de 2012

Hambre.

“¿Alguien sabe a cuánto está el gramo de vida? Puedo vender los años que hagan falta para que mi hija coma mañana. No quiero que regale sus gramos a la Muerte. Rompí ayer la mesa del comedor para que no recuerde dónde bailaba la sopa las noches del pasado.” Que el hambre nos una.

domingo, 13 de mayo de 2012

Agótame. Utilízame.

Quiero que me gastes como la última calada de tu cigarro, como el ultimo trago de tu cerveza, como los ultimos gramos de la noche. Agótame, agótame. Házme gozar, házme chillar. Que sea yo quien te pida un respiro. Quiero ser con el que gozas cuando te masturbas. Agótame. Y mañana cuando salga el sol que sonría cuando vea que me has utilizado.

miércoles, 9 de mayo de 2012

Perros.

Entraste en aquel bar como una niña entrando en la perrera buscando al perro más sucio, para no cogerle cariño en caso de tener que abandonarlo. Quién te iba a decir que acabarías tan sucia como yo. Chillando a la luna. Yo porque me hacía gracia. Tú porque te excitabas como una perra.

martes, 8 de mayo de 2012

Desde la azotea.

Desde la azotea veíamos pasar a las putas y mareantes de aquella noche. Pero no era el plan principal de aquella noche de octubre. Tampoco era el plan principal lo que ocurrió, pero lo aceptamos. Al igual que acepté hace tiempo que cada mañana mi aliento oliera a tabaco y mi almohada a vomito. Aceptamos que nuestros ombligos se juntaran tanto como nuestra piel permitió en esta sucia y decadente ciudad que nos vio crecer. Los dos buscábamos olvidar que estamos tan solos como la falta de compañía nos permitía. Tan solos como… la farola del callejón se queda cuando la rubia con su bolso y minifalda se va. Ahora busco tu mirada y tu voz en cada barra de cualquier bar en el que acabo antes de que salga el sol. Cuando la encuentro me miento y pienso que no me haces falta. Pero te necesito como el primer cigarro de la mañana, quizá por placer o por saber que hay alguien igual de desquiciado en esta ciudad. Pero te busco y cuando te encuentro, vuelvo a empezar como el más estúpido de los perros que vuelve a por el palo cuando el cretino de su dueño lo vuelve a lanzar.
Nunca lo sabrás, pero tras aquella noche de octubre, una sonrisa renació una mañana de noviembre. Pero tras esa mañana volvió a morir, quizá para que tú la salves de nuevo, quizá porque debe ser así.
Mientras yo sigo en las azoteas viendo como la gente de esta sucia ciudad se mata dejando más vida en las cloacas que en sus calles.

lunes, 5 de marzo de 2012

Aquel verano: Carl

Era extranjero. No hablé mucho con él, pero lo odiaba.

Aquel verano: Olga

Ella. Para empezar a explicaros como era tendréis que haber disfrutado alguna vez de un concierto de jazz. Suave con un ritmo constante del bajo, su piel y mis latidos. Entonces entra el saxo, sus curvas. Ahora la cantante con un grito casi improvisado que no te esperas, su mirada en busca de mis ojos que miraba su saxo. Me regaló una sonrisa, porque sabía que me gustaba el jazz que estaba oyendo.
Fumaba suave, relajada. Expulsaba el humo de una forma tan sensual que deseabas guardarlo en un bote para abrirlo en las noches más solitarias.
Cuando hablaba dejaba las palabras llenas de carmín. Deseaba que me hablara cada más cerca, a la vez que deseaba que sus bragas estuvieran cada vez más lejos de ella.
Jugaba conmigo como quería. Lo sé porque su novio estaba allí: Carl.

Aquel verano: Lucas

Violaba las palabras como el mejor de los políticos. Aún así ellas volvían a su boca como si tuvieran síndrome de Estocolmo. Agitaba sus brazos como si el viento le debiera dinero. Siempre con un cigarro que se consumía entre sus dedos con sólo un par de caladas de peaje en sus labios. Olía a lluvia cerrada los días de más calor.
Si me preguntasen por algunas de sus mejores frases tendría que pensarlo largo y tendido. Pues hablaba tanto que nunca decía nada. Cuando te miraba, joder. Te arrepentías de tener ojos, porque sabías que te iba a decir algo.
Fue él quien chocó conmigo en la barra y me alegro. Porque me condujo a Olga.